Estamos rodeados de números. El área 51, el 11S y el 11M, el número de tu canal favorito dentro de los 80 de televisión por cable, tu número de cédula, la placa del carro, tu número de cuenta con su respectiva clave, tu código de estudiante universitario, la clave de tu correo electrónico, la de Facebook, la de Twitter y la de Messenger, talla de ropa de tu esposa, cuánto calza cada uno de tus hijos, las fechas de la reuniones laborales, y a un así, la gran mayoría de los políticos pretenden que los que están interesados en votar por ellos se aprendan un código mas: la letra del partido y el número del candidato.
Es necesario entender y aprender a manejar los tiempos publicitarios y la personalidad de cada una de las piezas que componen una campaña, así como los motivadores de los que pretendo capturar como futuros votantes.
La campaña publicitaria política tendrá una duración máxima de tres meses de exposición a medios masivos, pero deben recordar los candidatos que este no ha sido el único tiempo con el que han contado para persuadir a sus electores, pues para los que aspiran a ser reelegidos el tiempo de precampaña, en el cual no pueden hacer publicidad política pero en el que deben generar ruido con otras estrategias comunicativas, empezó cuatro años atrás cuando fueron elegidos. Es decir, tuvieron cuatro años para convencer de que podían votar nuevamente por ellos. Para los que son nuevos y organizados, por lo menos, su precampaña empezó a comienzos de este año.
Los electores no votan por A1, YUP4 o DV7; ellos tienen razones para identificarse con el candidato mucho más valiosas que una letra y un número. Es un tema utópico en nuestro país hablar de disciplina de partido sencillamente porque no existe. Las campañas publicitarias han caído en el vicio de dar relevancia completa al número y al logo del partido, tanto, que en casos extremos el nombre del candidato casi ni aparece, mucho menos su frase de campaña, que es uno de los elementos más importantes en el proceso de persuasión.
Cuando votan, los electores votan por personas, no por programas de gobierno, votan por candidatos con los que tienen un vínculo emocional bastante fuerte. Despertar ese vinculo es responsabilidad del asesor publicitario. Sólo quien se siente identificado con el candidato quiere aprenderse el numero y el partido al que éste pertenece, para los que no lo conocen o para los que esta fibra emocional no ha sido tocada, el número y el partido serán irrelevantes.
Capturar nuevos electores exige un proceso de persuasión bastante emotivo, porque definitivamente en nuestro país, poca gente tiene cultura de partido. El proceso electoral en un país y en una ciudad como la nuestra se asemeja mucho más a una clase de anatomía que a un debate político: muy pocos votan con el cerebro, pero con el corazón, un gran numero de entusiastas. Y ni hablar del hígado, que sale a flote cuando odian al rival y le dan el voto a su contrario; o del estómago, que es el primer decisorio de las clases menos favorecidas a la hora de ir a las urnas.
La publicidad le apunta a aquellos que votan con el corazón porque definitivamente su compromiso y su capacidad como multiplicadores es gigante. Encontrar el momento adecuado y la pieza indicada para mostrar el número y el partido del candidato será labor del estratega; pedir el voto solo es relevante y válido luego de que se han mostrado los argumentos para hacerlo. Solo en la dos últimas semanas de campaña el consumidor se aprenderá el número y el partido de quien de corazón lo convenció.
Denotar una identidad que connote la personalidad del candidato y exteriorice la fortaleza del mismo, No me preocupa. el verdadero reto es crear esta imagen en común acuerdo con el publicista que llevan dentro.
ResponderEliminarÚnete al parche, con Julay eso es lo que hay y si te gusta el ron vota por Javier Barón! k13 movimiento ético publicitario.